En Montevideo, la rentabilidad triplica la de Buenos Aires. Las condiciones económicas y sociales que ofrece el país vecino a los inversores extranjeros.

Poco antes de asumir la presidencia de Uruguay, Luis Lacalle Pou confesó su intención de promover la radicación de miles de extranjeros para que inviertan en su país. Y según cuenta Gustavo Pereira, titular de la comercializadora Amarras, sus palabras resultaron tentadoras para un buen número de argentinos.

“El 70 % de las entrevistas en nuestro periplo mensual por Santa Fe, Rosario y Buenos Aires tuvieron como tema central ¿cómo puedo radicarme en Uruguay?, ¿cómo hago para tener residencia fiscal en Uruguay? Nuestra respuesta siempre fue clara: la residencia fiscal es de verdad, hay que realmente trasladarse a Uruguay”, explica el especialista. Y aclara que en general, los más interesados son los propietarios de empresas que quieren mudarse a la zona franca uruguaya por un cúmulo de ventajas fiscales y de mercado, “aunque el mayor porcentaje es de personas que buscan un retiro activo sin perder conexión con sus afectos en Argentina”.

En la inmobiliaria local Moebius Real Estate coinciden en destacar el entusiasmo argentino, especialmente en las zonas de Vivienda Promovida. “Desde el año pasado se triplicaron las consultas de argentinos que buscan proyectos en esas zonas tanto por su potencial de capitalización como por su rentabilidad del 5% anual”, afirman.

Estas nuevas áreas surgieron a partir de la ley 18.795 de 2011, que estimula la inversión privada mediante la exención del pago de IVA y otros impuestos por el plazo de 10 años. “Esto posibilitó que hoy estemos ofreciendo departamentos a estrenar en Montevideo, de dos ambientes con cochera y amenities, en barrios de vivienda promovida como el Centro, La Blanqueada y Tres Cruces por solo U$S 125.000, y con una renta mensual de U$S 600, o sea un 6% anual”, asegura el CEO de Moebius, Gonzalo Martínez Vargas.

Además, los inversores de estas propiedades no pagan el impuesto al arrendamiento por 10 años, o lo abonan parcialmente, dependiendo de la fecha de construcción del edificio.

El requisito es que los extranjeros permanezcan en territorio uruguayo una determinada cantidad de días al año. De este modo, se obtiene el certificado de residencia para presentar en Argentina y evitar así el pago de impuestos en ambos lados.

En cuanto al aspecto financiero, de acuerdo al proyecto de Lacalle Pou se necesitará al menos 500 mil dólares para la compra de una propiedad y de un millón para instalación de una empresa.

Pereira apunta además que las consultas se refieren también a otras cualidades de su país, como la chance de “mejorar las condiciones de vida en un entorno sociopolítico estable y benévolo, en una idiosincrasia mucho más tranquila, sin la crispación de la sociedad argentina”. En resumen, con más de 100 entrevistas en lo que va del año, Pereira afirma que “la mayoría todavía no califica o, tal vez, recién comienzan el proceso”.

Un dato destacado es el nivel de rentabilidad, que en Montevideo triplica al de Buenos Aires. Según datos del último relevamiento de la Universidad de Di Tella y Navent, el valor del M2 montevideano es de U$S 3.021 contra U$S 3.054 de CABA. “En la última década las rentabilidades en Montevideo se mantuvieron en un promedio del 5% anual en dólares, mientras que en Buenos Aires, según Reporte Inmobiliario, se encuentran en el 1,8%, su piso histórico”, afirma el titular de Moebius Real Estate.

Otra ventaja es que en Uruguay los alquileres están desregulados. Los contratos se pueden pactar en dólares y ajustarse libremente, sin limitación de plazos, y con garantías que cubren incluso las expensas.

Desde luego, esto sucedía antes del brote de coronavirus que obligó al cierre de las fronteras y cuyo alcance económico aún se desconoce.