La capital uruguaya seduce cada vez más a desarrolladores e inversores argentinos. En los últimos 20 años, al menos un argentino ha comprado en todos los edificios que se construyeron en Montevideo con destino para renta. Una ciudad dinámica y en constante progreso que ofrece beneficios fiscales, seguridad jurídica, estabilidad política, y una inflación de un dígito durante los últimos 15 años. En ese contexto se desenvuelve la industria inmobiliaria uruguaya, con un crecimiento sostenido en la oferta y en la demanda, y una planificación estatal que le ha permitido el acceso a la vivienda a muchas familias de clase media y baja. Montevideo ofrece valores de m2 por debajo del promedio del resto de las capitales de América Latina, y una rentabilidad muy por encima de la que ofrece la Ciudad de Buenos Aires. Cruzando el charco se consiguen unidades a estrenar en edificios con amenities con rentas inmediatas del 6% anual en dólares, o sea casi el triple de las que arroja la capital argentina. Los alquileres, además, se pueden pactar en dólares y ajustar libremente, sin limitación de plazos, y con garantías que cubren rentas y expensas. Si dichas unidades se adquieren en Zona de Vivienda Promovida, donde la Ley 18.795 exime del pago de cargas tributarias como IVA y Patrimonio, entre otras, se pueden conseguir precios desde los U$S 1.700 el metro. El incentivo a la radicación de extranjeros en el país es sin dudas otra de las causas que motivan la llegada de argentinos, y ya no solo para invertir sino para radicarse en la capital uruguaya. «Argentina estornuda y Uruguay se resfría” dice el refrán. Sin embargo, Uruguay ha madurado y sus defensas le permiten mantenerse a resguardo de los vaivenes de la región. Por algo el país está considerado entre los líderes del mundo en transparencia, democracia y equidad, condiciones indispensables para el arribo de cualquier inversión. Por Gonzalo Martínez Vargas, CEO de Moebius Real Estate Uruguay