Millones de familias latinoamericanas se enfrentan con el problema grave en la vivienda: habitan casas que carecen de saneamiento adecuado, tienen un servicio irregular de electricidad, y están hechas de materiales de baja calidad que no ofrecen ningún tipo de seguridad. Otras millones de familias viven en construcciones sólidas y con servicios, pero en condiciones de hacinamiento.

La vivienda es uno de los bienes más valorados en la sociedad. Sin embargo, en los niveles socioeconómicos medio bajos, su acceso es casi imposible, debido a la radical brecha que existe entre el costo de la misma y los ingresos que poseen.

En 2011 la Camara de Construcción de Colombia informó  que el déficit habitacional de América Latina era de 22.7 millones de viviendas. El BID en su informe “Un espacio para el desarrollo, Los mercados de América Latina y el Caribe, 2012”, advierte que 59 millones de personas habitan en viviendas inadecuadas o construidas con materiales precarios o carentes de servicios básicos, mientras que  11% de las familias carecen de título de propiedad libre de defectos sobre la vivienda que habitan.


No se trata solo de  construir viviendas, se  requieren también servicios de infraestructura para crear condiciones adecuadas de habitabilidad, generando esperanza de vida, y mejores servicios básicos: educación, sanidad, agua potable, energía, calles y rutas, eliminación de residuos, etc.

Según CEPAL en 2020, 82% de la población de AméricaLatina vivirá en urbes, situación que complica la búsqueda de soluciones  al problema del déficit habitacional, dadas las restricciones del suelo urbano disponible.

Para que  América Latina y el Caribe pueda reducir el actual déficit habitacional exclusivamente con viviendas construidas por los gobiernos, se requieren U$S 310.000 millones, es decir el 7,8% del PBI de la región (BID).

Ha cambiado el paradigma de participación de los gobiernos en las políticas de vivienda, pasando de un estado interventor hacia un estado facilitador, permitiendo que en LatinoAmerica  se estructuren mecanismos para atender las necesidades habitacionales de la población.


Infraestructura

Las políticas de vivienda deben: Reducir el déficit habitacional; Atender necesidades habitacionales derivadas de la formación de nuevos hogares y por ultimo dar respuesta al creciente proceso de urbanización.


Hay que poner el foco  en la calidad de las soluciones habitacionales y en el hecho de generar ciudades y barrios con más espacios públicos y áreas ver­des, que promuevan la integración social de la ciudada­nía. Las  medidas medioambientales son requisitos fundamentales para un desarrollo urbano óptimo.


La construcción de viviendas necesita que se planteen mecanismos asociados a la adquisición, se deben generar incentivos para el uso mixto de la tierra, mejorar la normativa del registro de propiedades, aumentar el financiamiento hipotecario y explorar opciones como el alquiler. Y permitir técnicas más modernas y eficientes de construcción de viviendas.

Nuevas  tecnologías

Las nuevas tecnologías de construcción, poseen varias ventajas en cuanto a los sistemas tradicionales: 1) Fácil y rápida instalación, que permite cumplimiento de mí­nimos plazos y presupuestos claramente establecidos. 2) Altos estándares de calidad, durabilidad y resistencia para soportar sismos, la exposición ambiental y fuertes vientos y 3) Permite la autoconstrucción por los miembros de las comunidades organizadas, pues no requiere personal especializado, simplemente la dirección técnica de la obra.

La salud comienza por casa

Habitar en una vivienda precaria no es bueno para la salud, se puede convertir fácilmente en caldo de cultivo de enfermedades y angustias en vez de ser un nido de seguridad y comodidad.

En las ciudades de toda América Latina y el Caribe, millones de hogares aún residen hacinados en viviendas con pisos de tierra, sin servicios de saneamiento y/o recolección de basuras. El hacinamiento aumenta la posibilidad que las enfermedades contagiosas se transmitan dentro del hogar. Los pisos de tierra agravan el problema pues contribuyen a propagar enfermedades parasitarias.

La falta de servicios de agua, electricidad y saneamiento dificulta y hace más costoso el proceso de obtener agua potable, preparar y almacenar los alimentos de manera segura y mantener una buena higiene personal, todo lo cual compromete la salud de los habitantes. Otras deficiencias, como la falta de calefacción y aire acondicionado, y la humedad, pueden causar enfermedades respiratorias.

La salud infantil precaria tiene un impacto significativo en el rendimiento escolar de los menores.

Las características de los barrios también influyen en la salud. Muchos de los barrios en América Latina y el Caribe surgen como asentamientos informales en planicies inundables o en terrenos de ladera en la periferia de las grandes ciudades, cercanos a alto volumen de tráfico y contaminación, zonas industriales y vertederos de basura.

Vivir en un barrio sin parques, sin centros para el deporte, la recreación al aire libre, o actividades de esparcimiento también tiene un impacto negativo en la salud mental y física de las personas y puede contribuir a la obesidad.

La salud de los niños se encuentra altamente influenciada por el lugar donde residen. Numerosas enfermedades infantiles pueden manifestarse debido a la falta de acceso a agua potable y saneamiento adecuado, y a la presencia generalizada de pisos de tierra.

Vivienda y educación: una calle de doble vía

La vivienda también influye en los resultados educativos.

Las familias con ingresos más altos pueden adquirir mejores viviendas y una mejor educación para sus hijos, pueden costear una escuela de mejor calidad, mejores  texto, o clases particulares; se alimentan mejor: menores tasas de enfermedad y mejor desempeño escolar.

La  falta de agua potable por tubería y la electricidad, disminuyen el número de horas en que un niño puede estudiar. El hacinamiento produce distracción, y por lo tanto limita el desempeño académico de los estudiantes.

Costos de la vivienda

Los principales causantes de los malos resultados de la región en materia de vivienda: 1- Altos precios en relación con el ingreso familiar; 2- La falta de acceso al crédito hipotecario y 3- Los altos precios de la tierra y de la construcción que son a su vez los factores críticos que más influyen en los costos de la vivienda.

CONCLUSIONES

Las familias, las empresas y el sector público deben aunar esfuerzos para responder a este desafío. El sector privado debe profundizar el mercado y ampliar el financiamiento hipotecario y el microfinanciamiento de vivienda.

Las municipalidades deben intensificar sus esfuerzos por asegurar el suministro de servicios a los barrios.

Se requiere un cambio de las políticas públicas que permita a las familias y al sector privado interactuar eficazmente en un mercado inmobiliario fortalecido y que ayude a los hogares pobres a lograr estándares mínimos de vivienda.

Proporcionar más y mejores opciones de vivienda a las familias de ingresos bajos y medios implica aumentar los incentivos y disminuir las limitaciones a la expansión de la oferta de vivienda formal, sobre todo las limitaciones a la urbanización de terrenos, la construcción de vivienda asequible y el financiamiento de largo plazo.

En LatinoAmerica  en los últimos años se han construido cerca de 5 millones de viviendas: Venezuela: Planifico la construcción de 3 millones de viviendas, han entregado 687 mil viviendas. Colombia: entre  2010 y 2015 construyó 700.000 viviendas. Argentina, planifico 400.000 viviendas, y solo se terminaron 48.000. Brasil, a través de  su plan Minha Casa Minha Vida, se propone entregar 3,4 millones de viviendas, y  hasta ahora concreto la construcción de 1,7 millones de viviendas.

Pero lo realizado hasta ahora, obviamente, no alcanza.